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“Nunca es pillo mi compadre”

Déjà vu. Déjà recontravu

Fernando Amerlinck

Déjà vu. Déjà recontravu
Febrero 21, 2014 19:13 hrs.
Política ›
Fernando Amerlinck › diarioalmomento.com

Lo hemos visto hasta el hartazgo, hasta la saciedad, hasta el límite, hasta el cansancio, hasta el choteo. Hemos visto siempre, una y otra y otra y otra y ooooootra vez, la congruencia de nuestra clase política correcta: “nunca es pillo mi compadre”.
O mi cómplice. Mi camarada. Mi agremiado. Mi compañero. Mi socio. El que comparte mi ideología. Mi acompañante geométrico. El que lleva mi color. El de mi partido. Claro, el que se proclama de “izquierda”. El que habla de las clases populares obreras y campesinas. El que está contra el neoliberalismo. El que se autoproclama socialista. El progresista y antirretardatario. El que habla de las causas populares del pueblo. El que busca las “reivindicaciones” sociales de la sociedad (¡uf! perdón: necesito tomar aire).
Ante tan bellos propósitos, ¿a quién le importan las realidades? Anastasio Somoza, Alfredo Stroessner y Augusto Pinochet nunca hicieron un Viceministerio para la Suprema Felicidad Social del Pueblo porque nunca les importó “atender a los viejitos y viejitas y niños y niñas, para atender a lo más sublime y amado del pueblo revolucionario”. No, claro que no. Sólo Nicolás Maduro ha hecho depender eso de un viceministerio. Es indispensable ponernos de pie ante tal amor a la felicidad social de la sociedad.
Nicolás Maduro también ha hecho depender los suministros de productos básicos, como el papel de excusado y la comida, de las instituciones gubernamentales que ejercen con visible suficiencia y eficacia la rectoría estatal sobre la economía. Y en nombre de la democracia y de la constitución, y para proteger las libertades populares del pueblo revolucionario, ha suprimido la crítica, intervenido las agencias noticiosas, callado a los periódicos y publicado fotos de hace 5 años diciendo que fue ésa la manifestación de apoyo de ayer. Y expulsa a periodistas que defienden al imperialismo y difunden noticias de la violencia y asesinatos cometidos por sus tropas contra estudiantes y reinas de belleza.
Contra tales atentados a la libertad de expresión no reaccionan nuestros grandes “intelectuales” e informadores y periódicos tabloides que en todo tiempo truenan contra los dictadores de derecha o contra el fraude electoral cometido al candidato que prefieren. Ya pudo Nicolás Maduro “ganar” unas elecciones disparejas y repletas de fraudes visibles, por un porcentaje parecido al de Felipe Calderón contra López Obrador en unas elecciones limpísimas y en contiendas parejas: esa izquierda instalada en los micrófonos de la mañana seguirá hablando del fraude de 2006 y hasta del igualmente inexistente fraude de 2012. El más certero y objetivo rasero de la verdad depende de quién es de mi tendencia política. Y así es también la democracia. Todos los votos y crímenes son iguales pero claro que unos votos y crímenes son menos iguales que otros.
Fuera y dentro de Venezuela, la izquierda es bálsamo protector universal que garantiza hasta la vida eterna a los demagogos, arruinadores, tiranos y verdugos, sean cuales fueren sus delitos. Con la vida eterna viene la historia eterna, esa vieja narradora injusta que nunca juzga bien porque la historia la escriben los mismos hombres que siguen la norma ética del doble rasero: juzgar objetivamente los crímenes con el criterio de averiguar primero si el que los comete es mi compadre. Oiga usted, no es igual si los perpetra un vulgar y asqueroso fascista, neoliberal, cachorro del imperialismo y explotador de los pueblos. La crítica es tan pareja como la cobertura de los medios y las opiniones de los “intelectuales” que infestan nuestras páginas editoriales y micrófonos.
Déjà vu, dicen los franceses. Lo hemos visto siempre. Lo veremos siempre. El mismísimo Jesucristo criticaba a los que cargan una viga en el propio ojo pero se indignan y escandalizan y revientan y rasgan su ropa y acusan una pajita en el ojo ajeno. Así de decente es la prensa jornalera y los micrófonos mañaneros que callan los crímenes de su compañero de ideología y no informan indignados cuando Nicolás Maduro (hombre de “izquierda”) enfrenta a balazos a su pueblo al estilo Díaz Ordaz.
Quien se oponga a esa autoridad criminal es fascista y hay que encarcelarlo. Seguramente la madre que se hincó ante los soldados venezolanos pidiendo que no dañaran a sus hijos y mejor la mataran a ella, es neoliberal y agente del imperialismo. Los derechos humanos son para los cofrades geométricos. Y claro que quienes atacan con fuego a la policía en las calles del DF son presos políticos, pero no lo es Leopoldo López ni las víctimas de la represión contra un gobierno bolivariano. Y tan democrático que ha modificado la Constitución para gobernar por siempre, por decreto, sin el estorbo de las cámaras legislativas. Hombre, es que la emergencia nacional requiere de poderes extraordinarios. Pero temporales, claro. Sí, desde luego.
Ultimadamente quién le manda a Leopoldo López oponerse al progresista sucesor de Chávez, enamorado de la felicidad social de su pueblo. Y los cubanos podrán intervenir en una nación extranjera pero eso no importa porque la internacionalización es indispensable para construir el socialismo. No es así el intervencionismo hipócrita de los imperialistas y sus títeres, que se inmiscuyen sin rubor en las decisiones soberanas de los países progresistas.
Y a los muertos ¿quién les manda estar instigando a la violencia cuando se oponen desarmados a un mandatario tan eficaz, revolucionario y progresista como Nicolás Maduro?

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